Milano Centrale, una pausa entre trenes y pizza
Hay momentos en los que uno no busca hacer una foto. Simplemente sucede.
Aquella tarde en Milano Centrale yo también estaba de paso. Había entrado a Spontini para comer algo rápido antes de continuar el día, con ese ruido constante de estación grande que nunca desaparece del todo: ruedas de maletas golpeando el suelo, voces mezcladas en distintos idiomas, bandejas que chocan, el olor de pizza recién salida del horno.
Mientras esperaba, vi a dos hombres sentados frente a frente. Parecían cansados, aunque de maneras distintas. Uno miraba el teléfono con la concentración de quien intenta matar el tiempo. El otro estaba recostado sobre la silla, con la mirada perdida unos segundos lejos de la mesa, como si todavía siguiera viajando por dentro.
Encima de ellos, la fotografía enorme de una pizza estirando el queso parecía casi otra escena más de la estación. Todo tenía algo curioso: la comida rápida, las luces frías, el cansancio acumulado y ese pequeño silencio compartido entre dos personas lejos de casa.
Yo también estaba allí, descansando unos minutos antes de seguir mi camino. Pero me pasa siempre lo mismo: termino observando más a la gente que al lugar. Milano Centrale tiene eso. Miles de personas atraviesan el edificio cada día, pero entre la prisa aparecen pequeñas escenas humanas que duran apenas un instante y luego desaparecen con el próximo tren.
Saqué la cámara casi por reflejo. A veces fotografiar no es perseguir algo extraordinario. Es simplemente reconocer un momento cotidiano antes de que se pierda.
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