Italia en pausa: Crónica de un trayecto cotidiano desde la estación de Parma
Hay mañanas en las que el tren regional no es solo un medio de transporte, sino un refugio de historias mudas . Me encontraba en la estación de Parma, rodeado de ese aire familiar de las ciudades de la Emilia-Romagna, esperando el convoy que me llevaría de vuelta a mi parada vecina. Era un tren de los de antes . De esos que huelen a hierro viejo y asientos de cuero gastado, donde cada chirrido de las ruedas parece contar una anécdota de décadas pasadas. Me senté y, frente a mí, el contraste se hizo imagen. Ella estaba allí, inmóvil, con la mirada perdida en el paisaje borroso que empezaba a correr hacia Lombardía. Llevaba una banda de lana gris y gafas oscuras, como si quisiera proteger su intimidad del mundo exterior. Pero lo que realmente detenía el tiempo en ese vagón era su maleta. Un bloque de color amarillo vibrante, con nombres de ciudades lejanas grabados en el relieve, que descansaba pesadamente entre nosotros. París, Londres... destinos que parecían gri...