Una mirada en Piazzale Salvo D’Acquisto, Parma
Fue un sábado por la tarde, a principios de marzo, en Parma. En el Piazzale Salvo D’Acquisto el aire había cambiado. Ya no era ese frío cerrado del invierno. Se podía estar . Quedarse. Respirar sin prisa. La plaza —más parque que plaza— empezaba a despertar. Bancos de madera y concreto ocupados, conversaciones sueltas, pasos tranquilos. El sonido leve de la ciudad al fondo. Nada forzado. Solo gente volviendo poco a poco . Caminaba con la cámara en la mano, como siempre. Sin buscar demasiado. Y entonces la vi. Dos personas sentadas. Entre ellas, unas cervezas apoyadas en el banco, casi como un pequeño ritual compartido. Él, vuelto hacia otro lado, sin rostro para mí. Como una presencia que se intuye más que se define. Una figura que guarda su historia. Y ella. Su mirada era otra cosa . Clara. Sostenida. Sin distracciones. No miraba a la ciudad, ni a la gente, ni al movimiento alrededor. Miraba hacia él, pero también parecía quedarse un poco más allá. ...