Ciacco en Parma: un joven, una heladería y la historia que sigue viva en Piazza della Steccata


Hay fotografías que nacen por una persona. Otras, por un lugar. Esta surgió por la unión de las dos cosas.   

Aquella tarde caminaba por Piazza della Steccata, uno de esos rincones de Parma donde siempre merece la pena bajar el paso. Las mesas de las cafeterías y heladerías ocupaban parte de la plaza, la gente conversaba sin demasiada prisa y el ir y venir de los peatones formaba parte del paisaje, como ocurre cada día en el centro histórico.  

Mientras observaba el movimiento de la plaza, vi al joven recoger una mesa que acababa de quedar vacía. Los clientes ya se habían marchado, pero todavía permanecían sobre ella una taza y algunos pequeños rastros de la conversación que seguramente habían compartido. Él los retiraba con naturalidad, preparando el lugar para que, dentro de unos minutos, otras personas ocuparan esas mismas sillas. Fue entonces cuando levanté la cámara.  

Siempre me han llamado la atención estos pequeños momentos. No porque sean extraordinarios, sino precisamente porque forman parte de la vida de una ciudad. Detrás de cada café o helado servido, de cada mesa preparada o de cada cliente atendido hay personas que sostienen el ritmo cotidiano de lugares como Parma. Es un trabajo silencioso que muchas veces pasa desapercibido.  

Sin embargo, en esta fotografía había algo más. Ese mismo local guarda una historia que conocí hace algún tiempo. Durante más de un siglo fue la sede de la histórica Cappelleria Vender, una tienda de sombreros que abrió sus puertas en 1900 y que, desde 1923, ocupó precisamente este edificio de Piazza della Steccata. Durante generaciones fue un referente de elegancia para la ciudad, hasta que cerró definitivamente en 2021.  

Hoy, donde antes se elegían sombreros, se sirven helados artesanales. Me gusta pensar que los edificios también cambian de oficio sin perder su memoria.  

Si uno observa la parte superior de la fotografía todavía puede distinguir, por encima del toldo de Ciacco, parte del antiguo rótulo que permaneció en la fachada. No ocupa el centro de la imagen, pero está ahí, discreto, recordando que este lugar ha vivido otras épocas y otras historias. Ese pequeño detalle fue lo que terminó de convencerme de hacer la fotografía. 

Abajo, un joven concentrado en su trabajo. Arriba, las huellas casi borradas de un comercio que marcó durante décadas la vida de Parma. Entre ambos, más de cien años de historia compartiendo el mismo espacio.  

Las ciudades cambian constantemente. Cierran negocios, abren otros, cambian las costumbres y también las personas. Sin embargo, hay rincones donde el pasado nunca desaparece del todo. Permanece escondido en una fachada, en un número antiguo sobre una puerta o en un nombre que apenas asoma entre los nuevos carteles. 

Seguí caminando por la plaza después de hacer la fotografía. El bullicio continuaba igual que antes. El joven siguió preparando mesas para los siguientes clientes. Y el viejo edificio permanecía allí, haciendo lo que mejor saben hacer las ciudades con historia: guardar recuerdos mientras la vida sigue avanzando.

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