Trenes y sonrisas


Mis escapadas a la estación de Parma se han vuelto casi una rutina. El día comienza en el bullicio cotidiano, donde cada persona es como una nota musical única en la sinfonía de la estación. Es como si cada paso fuera una danza coreografiada en este escenario ferroviario.  

Mientras observo a mi alrededor, descubro un fascinante espectáculo de diversidad humana. Las reacciones ante la espera del tren son tan variadas como los sabores del “gelato italiano”. Algunos se impacientan, otros consultan nerviosos sus relojes, y algunos más parecen haber perdido la noción del tiempo entre las páginas de un buen libro.  

Pero, ¡oh sorpresa!, mis ojos capturan a una pareja de origen asiático. En medio del caos, su tranquilidad es como un bálsamo para el alma. No solo están serenos, sino que se permiten el lujo de esbozar sonrisas cómplices. Parecieran tener un secreto para enfrentar la espera con gracia y buen humor, como si estuvieran disfrutando de una comedia privada en medio de la estación.  

Observarlos me contagia esa paz, y de repente, la espera se vuelve una especie de pausa encantadora en mi día. Como si el tiempo se dilatara y me brindara la oportunidad de sumergirme en el mosaico humano que me rodea. Tal vez debería agradecer a mis amigos asiáticos por convertir mi rutina ferroviaria en un capítulo peculiar de mi vida en Italia. Quién sabe, quizás la próxima vez decidan invitarme a participar en su tranquila comedia de estación. ¡Sería un espectáculo de trenes y sonrisas!

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