Strada Massimo D’Azeglio, Parma: una tarde de vida cotidiana en blanco y negro


Hay tardes en Parma que disfruto especialmente. La ciudad está activa, los comercios mantienen su movimiento y la gente sigue con sus asuntos, pero todo parece dejar espacio para caminar y mirar alrededor. No hace falta que ocurra nada extraordinario. A veces, es precisamente esa combinación de actividad y tranquilidad lo que me hace sentir a gusto.

Hice esta fotografía en Strada Massimo D’Azeglio, justo después de salir del Ponte di Mezzo. Es una zona que forma parte de mis recorridos por Parma y que, como tantas otras calles, ofrece escenas diferentes cada vez que paso por ella.

Aquel día me encontré con tres personas que compartían el mismo espacio, aunque cada una parecía seguir su propia dirección.

A la izquierda, un hombre se aleja de la cámara. En el centro, una mujer con gafas de sol ocupa buena parte de mi atención. A la derecha, otra mujer está de espaldas y orientada hacia el escaparate de un comercio. No sé qué buscaba allí ni adónde se dirigían las otras personas. Tampoco necesito saberlo. Lo interesante, para mí, está en cómo esos movimientos coinciden dentro del encuadre.

La mujer del centro atrae la mirada, pero la escena no termina en ella. El hombre que se aleja y la mujer que mira hacia el escaparate amplían la composición y nos recuerdan que estamos viendo un fragmento de una calle en funcionamiento. Los comercios, las personas y el espacio urbano forman parte de una misma imagen.

Decidí trabajar la fotografía en blanco y negro por gusto personal. Me apetecía verla así. El contraste resalta las prendas, las formas y los reflejos de los cristales, y permite que las distintas figuras se distingan con claridad. No buscaba darle a la escena un tono solemne ni convertirla en algo distinto de lo que fue: una tarde corriente en Parma.

Lo que más me gusta de esos momentos es que la ciudad puede estar llena de actividad sin que uno tenga que vivirla con prisa. Hay personas haciendo sus diligencias, comercios abiertos y movimiento en la calle. Aun así, puedo disfrutar del recorrido, detenerme unos segundos y hacer una fotografía si algo me llama la atención.

Para mí, eso también forma parte de la vida cotidiana italiana. No solamente los lugares históricos, las fachadas conocidas o las plazas que aparecen en las guías, sino las calles comerciales que seguimos recorriendo porque forman parte de nuestro día a día. Lugares donde se compra, se camina, se observa un escaparate, o se sueña y se continúa hacia el siguiente destino.

Esta fotografía no tiene una historia extraordinaria detrás. La hice porque me gustó lo que tenía delante y porque aquella tarde encontré en la calle una combinación que disfruto: movimiento, actividad económica y tranquilidad.

El blanco y negro fue mi elección para presentar la escena. La armonía que veo en ella, en cambio, pertenece a ese momento que viví. 

Esa es la Parma que me gusta: una ciudad activa, cercana y agradable para recorrer, donde todavía puedo caminar a mi ritmo y encontrar una fotografía en medio de lo cotidiano. 

Comentarios

Entradas populares